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Transversal,
Equipo Sirius
Madrid,
2004

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El
Rosario de Mahoma
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Novela
Ilustrada por Manuel Calderón
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El
autor novela un hecho histórico: el sitio
al que fue sometida la ciudad de Melilla -entre
diciembre de 1774 y marzo de 1775-, por el ejército
del sultán de Marruecos. Durante cien
días, cayeron sobre los cuatro recintos
fortificados que componían entonces esta
ciudad-presidio más de 8.000 bombas,
destruyendo casi todas las casas. Cuando los
proyectiles de los cañones y morteros
marroquíes llovían con la intensidad
de un diluvio, los melillenses bautizaron popularmente
este bombardeo como el rosario de Mahoma. Pero
esta novela es mucho más que el relato
de este asedio. Es la plasmación de un
momento histórico en el que chocaron
dos imperios, dos culturas vecinas pero a la
vez muy distintas, dos maneras muy diferentes
de entender la política, la realidad,
la vida. Los dos personajes principales son
ambos hitóricos, como la mayoría
de los que aparecen a lo largo de la narración:
Mohammed III, emperador de Marruecos; y Juan
Sherlock, el mariscal eviado por el rey Carlos
III de España para que se haga cargo
de la defensa de Melilla. El sultán lleva
años preparando un plan con intención
de recuperar para su imperio y para el Islam
todas las plazas fuertes que los europeos retienen
en la costa marroquí, pero sus preocupaciones
se multiplican a causa de la actitud rebelde
de algunos de sus hijos, la resistencia de las
guarniciones españolas, las numerosas
bajas que sufren sus tropas, las críticas
de algunos de sus generales...
Entretanto,
el mariscal Sherlock se preocupa de organizar
la resistencia de la fortaleza española,
de conocer los planes del sultán a través
de confidentes rifeños que entran a escondidas
en Melilla por las noches, de mantener levantada
la moral de sus soldados, de investigar un misterioso
asesinato...
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| Presentaciones: |
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Firma de ejemplares el 5 junio de 11-14 h. en la Feria
del Libro de Madrid, caseta 347. |
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Presentación del libro el 16 junio a las 20 h. en la
librería 80 Mundos, Alicante. |
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Presentado por: Emilio Soler, escritor e historiador. |
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Presentación del libro el 27 septiembre en la UNED,
Melilla. |
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FERIA
DEL LIBRO DE MADRID (5-6-04)
| Firma
de libros de: El Rosario de Mahoma, El Fantasma
de Lucentum y La Plica de Balbino el Viejo.
De izquierda a derecha: David Ruiz (Equipo Sirius),
Manuel Calderón (ilustrador), Jorge Ruiz
(editor) y Gerardo Muñoz (escritor). |
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...La
obra incluye 21 ilustraciones y mapas, así
como un glosario. Muñoz señaló
a este diario que el libro refleja "dos
formas de entender la realidad y ver la vida
a través de dos personajes de cada
bando"...
Información,
5-6-04
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Las
relaciones históricas entre España
y Marruecos siempre han sido "muy especiales",
dice Muñoz, "porque somos vecinos
y, como tales, hemos tenido etapas de proximidad
y otras de fuerte conflictividad" (...)
cuenta con 7 mapas -confeccionados por Gerardo
Muñoz Eisman, hijo del autor, a partir
de la documentación recabada para la
elaboración del libro, que ocupó
varios meses de rigurosa labor- ...
El
Mundo, 3-6-04
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PRESENTACIÓN
DE LA NOVELA EN LA LIBRERÍA 80 MUNDOS DE ALICANTE
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(16-6-04)
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PRESIDIERON
EL ACTO:
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Fernando Linde (librero).
-
Emilio Soler (historiador y profesor universidad
Alicante).
-
Gerardo Muñoz (autor del libro).
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De
izq. a dch.: Fernando Linde, Gerardo Muñoz
y Emilio Soler.
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Parte
de los invitados que acudieron al acto.
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...Muñoz
ha pretendido dar una visión
del lado español y del marroquí
(...) El objetivo de Muñoz es
ayudar a pasar al lector un rato entretenido,
y a que tenga un poco más de información
sobre qué es lo que ha pasado y qué
esta pasando en esta ciudad española
del norte de África...
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Gerardo
Muñoz pretende con su novela El Rosario
de Mahoma ofrecer una visión de las
dos partes sobre el mayor asedio que recibió
la ciudad en el siglo XVIII
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Acaba
de publicar El Rosario de Mahoma, una novela
hitórica que narra el asedio más
importante de Melilla en tiempos de Carlos III.
"He
pretendido que el lector se pueda hacer una
idea de la situación de las plazas españolas
en territorio de Marruecos". (...) "Los
poderes públicos deberían ayudar
a la edición de Alicante, que sobrevive
sólo por el esfuerzo de los editores".
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PRESENTACIÓN
EN LA UNED DE (MELILLA) (27-9-04)
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El
Telegrama de Melilla, 28-9-04
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La
novela relata, mezlando ficción y realidad,
los momentos más trágicos de la
historia de Melilla vividos durante el asedio
marroquí a la ciudad en el periodo comprendido
entre diciembre de 1.774 y enero de 1.775
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El
Telegrama de Melilla, 28-9-04
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El
autor, que se mostró muy satisfecho por
la presentación de su obra en la UNED,
narró durante el acto cómo había
sido el sitio de Melilla en el siglo XVIII y
las distintas fuentes en las que había
bebido para construir una radiografía
exacta de cómo fue el sitio de Melilla.
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El
Faro (Melilla), 28-9-04
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PRESENTACIÓN
EN LA UNED DE (MELILLA) (27-9-04)
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CRÍTICA
DEL DIARIO:
LEVANTE
El Mercantil Valenciano
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(...)Quizá
lo mejor de este trabajo es que el autor consigue
una ambientación muy acertada de la época(...)
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Lourdes
Rubio, Levante,
15-10-04
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Melilla
Hoy, 17-3-04
Vicente
Moga Romero
PREÁMBULO:
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El
hijo del caid, la película que protagonizó Rodolfo
Valentino, ofreció una vuelta de tuerca más a los
estereotipos orientalistas que la literatura había
ido desgranando desde tiempo atrás. Consagró de
una forma masiva, al compás de un pianista de salón,
el fatum atribuido comúnmente al mundo oriental.
Éste quedó desde entonces más abocado a lo irracional
en los lenguajes cinematográfico y literario, que
actuaron a modo de alambiques de los pensamientos
y las acciones reales. Como contrapunto, del otro
lado del espejo, se afianzaba aún más el horizonte
armónico de Occidente y el buen vivir proclamado
por los heraldos de la civilización.
Sin
embargo, debajo de ese barniz seductor, el vacío
mantiene su latencia desde siglos atrás. Sus demiurgos
se empeñan en bordar un áspero tejido con los hilos
más lóbregos, los de las confrontaciones de pueblos,
etnias, actitudes, culturas, religiones, en definitiva,
los de los seres humanos. Podría decirse así que
el desencuentro entre Oriente y Occidente -si es
que tales conceptos responden a algo más que a ecos
imaginarios- es, sobre todo, el fruto estéril del
desconocimiento mutuo, de la enajenación de los
valores universales que alfombran los pasos de los
habitadores de la madre Tierra, aunque éstos presenten
distintos motivos, colores y texturas. Esta diversidad
no se aprecia como riqueza sino como choque cultural
y así va la historia.
Por
eso, cuando he leído algo tan aparentemente sencillo
como la proclama de las primeras páginas de esta
novela, en la que su autor afirma su decidido empeño
de no quedarse anclado en los puertos de ningún
bando, un profundo suspiro ha acompañado el sonido
de las páginas. Y se ha mantenido en el itinerario
de ese ángulo de noventa grados que separa las hojas
leídas de las expectantes. Así, como en un otoño
de novela, he ido atravesando las azoras de este
bosque mediterráneo en el que Gerardo Muñoz transcribe
en un centenar de estancias los diarios de los desentendimientos
humanos, la naturalidad de la violencia institucionalizada,
el juego de la guerra, la rotundidad de los hechos
de armas y la cotidianeidad de un mundo vivido del
revés. Y todo ello en el transcurso de un suceso
tan clásico en el periplo de la humanidad, como
representa la escenografía de un asedio.
Caballo
de Troya o Caballo de Frisa, de ambas hierros participa
esta novela escrita por un melillense. Para hacerla
suya, su autor ha tenido que descender más de dos
siglos en los círculos infernales de la pasada historia
de su ciudad. Con este esfuerzo es capaz de hechizarnos
con los aditamentos de una fortaleza indomable y
escuchar sus pentagramas. De este modo, el lector
participa en el deambular sobre el papel de los
personajes de sangre y hueso, con los alientos intimistas
de los grandes, el mariscal Juan Sherlock o el emperador
de Marruecos, Sidi Mohamed; y a las voces de la
infantería literaria, algunas de las cuales -Antonio
Falcón, Miguel Zazo- se conservan en el callejero
actual de una urbe modelada por los vientos y las
mareas. Pero, sobre todo, asiste a las voces marginales
de ambos bandos, las esquinadas e irreconciliables,
como la de doña Catalina la hermosa mujer del veedor,
conocida como la danesa; y la del amazige Mohamed
Ijus, Izugar, encarnada alegoría del resentimiento.
Voces personales que viven sus propias historias
dentro de la Historia.
La
intensa hilera de los personajes que desfilan por
la variopinta cartografía de una torre albarrana
española en el norte de Marruecos -confidentes,
confinados, almogataces, militares de todo pelaje-,
se mezcla con las trazas de la fortaleza de Melilla.
En su interior, pese a lo exiguo del espacio, conviven
durante el Sitio de los Cien Días casi de continuo
los tintes dramáticos con los rutinarios de cada
jornada, en un remedo de partida de ajedrez a vida
o muerte. Todo ello potenciado hacia el infinito,
con la presencia de un ejército enemigo asediando
la plaza de armas, haciendo llover sobre ella el
fuego fatuo de la ira.
En
estas circunstancias, Gerardo Muñoz sitúa su texto,
lo hace enarmonar sobre la novela y la historia.
Para ejecutar su oficio de escribano se vale de
añejos anales, pero también de las voces rescatadas
de aquellos hombres y mujeres que hace muchos años
habitaron las calles empedradas del Pueblo, de Melilla
la Vieja. Y de la imaginación, la pasión, y, cómo
no, de la nostalgia. Con unos y con otras, ejerce
de alquimista y así la novela avanza como un diario
de diarios. Cual un cuaderno de bitácora que anotara
pormenorizadamente las aventuras y desventuras de
los tripulantes de un buque que, a menudo, ofrece
la sensación de permanecer estrepitosamente encallado
en el corazón de un mar inhóspito.
Cada
lector debe descubrir su novela en esta novela.
Depurar las voces de protagonistas tan especiales
como el capitán Francisco de Miranda y el ingeniero
Juan Caballero. Saborear el esfuerzo del lenguaje,
enriquecido con los sonoros términos de los tratados
de fortificación, pero también con los arcanos de
los proverbios rifeños y los romanceros de los amantes
equívocos. Intuir cómo la población de Melilla tiene
en el cerco del sultán de Marruecos una de sus primeras
conciencias históricas, si no la primera, mantenida
hasta hoy como parte del rito fundacional de la
ciudad. Desenclavar los cañones de los tópicos y
disparar una novedosa pólvora, con otros fines que
los bélicos. En suma, aquilatarse en este manual
de frontería que pergeñan lo sueños y, no pocas
veces, las pesadillas de los que convivimos fuera
y dentro de las brumosas mezquitas de conversos.
Si
en 1748 Juan Antonio de Estrada -el primer historiador
melillense conocido, autor de la obra Población
general de España y de los presidios de África-,
sostuvo que para facilitar la escritura de su libro
dejó que la pluma volara fuera de la esfera de Melilla,
quizás para que Gerardo Muñoz haya podido escribir
este Rosario de Mahoma ha tenido también que hacer
volar su pluma desde lejos. En cualquier caso, lo
ha hecho recreando las tonalidades de un campo exterior,
pero no extraño, y los perfiles de una isla amurallada,
pero no cerrada, dejando que su corazón escuchara
en libertad cada uno de sus latidos.
Vicente
Moga Romero
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Más
ilustraciones y planos, en el interior del libro.
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Diseña:
Gerardo Muñoz Eisman
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